Es habitual notar que un aspirador portátil que al principio succionaba bien, con el tiempo parece haber perdido fuerza. En la mayoría de los casos el motor sigue funcionando igual de bien: lo que ha cambiado es el estado del filtro y del depósito, que se van saturando de polvo fino sin que se note a simple vista.
El filtro es la pieza que más mantenimiento necesita. Si es lavable, conviene sacarlo y limpiarlo bajo el grifo con cierta regularidad, no solo cuando ya se ve visiblemente sucio: el polvo muy fino puede taponar los poros del filtro antes de que resulte evidente a simple vista, y eso reduce la succión aunque el depósito esté casi vacío. Después de lavarlo, hay que dejarlo secar completamente antes de volver a montarlo, porque un filtro húmedo dentro del aspirador puede favorecer la aparición de moho.
Vaciar el depósito después de cada uso, y no solo cuando está lleno del todo, evita que la arena o el pelo de mascota se compacten contra las paredes, lo que dificulta tanto la succión como el propio vaciado posterior. Si el aspirador tiene cepillo antienredos, revisa también el eje del cepillo de vez en cuando: aunque esté pensado para no enredarse, un uso muy frecuente con pelo de mascota puede ir acumulando hilos finos alrededor del eje con el tiempo.
La batería es el otro punto a cuidar en los modelos inalámbricos. Cargarla completamente antes de guardarla durante mucho tiempo sin usar, y evitar dejarla siempre al 100% de carga en un cargador conectado permanentemente, ayuda a que mantenga su autonomía original durante más tiempo en vez de degradarse antes de lo esperado.
Si después de limpiar filtro y depósito la succión sigue notándose baja, comprueba que ninguna manguera o boquilla tiene una obstrucción parcial: un objeto pequeño medio atascado en el tubo reduce el flujo de aire igual que un filtro sucio, y es fácil pasarlo por alto porque no se ve desde fuera.